X el Derecho a la Identidad | Balbuceando Teatro | Campo de la Ribera.

Día #2 del #17 Escena y Memoria.

A las 9:30 de la mañana llegué al Campo de la Rivera. Un vecino me acercó hasta el lugar y, en el camino, me contó que años atrás lxs vecinxs del barrio realizaban allí su escuela secundaria. Resulta extraño pensarlo: en un ex centro clandestino de detención funcionaba una escuela. A lo lejos diviso a un grupo de niñxs de 4°, 5° y 6° grado. Me pregunto cuánto sabrán de lo que ocurrió hace cincuenta años. Si les interesará mantener viva la memoria. Si podrán imaginar lo que sucedió tiempo atrás en este mismo edificio donde ahora estamos parados.

El elenco de Balbuceando Teatro espera ansioso la llegada de esas infancias. Me cuentan que hace veinte años trabajaron en Campo de la Rivera con la escuela secundaria que funcionaba allí, recuperando relatos de hijxs de desaparecidxs. Volver al mismo territorio dos décadas después es un desafío. Ahora, lxs niñxs que verán la obra posiblemente sean hijxs de aquellos adolescentes que colaboraron en el proyecto de Teatro por la Identidad. Nos reunimos en un salón enorme. Lxs niñxs entran entusiasmados, expectantes. Comienza la obra.

En escena se cuenta cómo reconocer a lxs hijxs de desaparecidxs: un lunar podría ser una pista, un indicio de que ese hijx es víctima del arrebato de su identidad. Como si se tratara de una investigación, cualquier detalle puede transformarse en señal de hallazgo

En un momento aparece un pañal de tela, de los que se usaban antes. Lxs niñxs se sorprenden: no hay plástico, no es como los de ahora. Para quienes no lo saben, los pañuelos blancos que identifican a las Abuelas de Plaza de Mayo nacen justamente de esos pedazos de tela que eran pañales. Con ellos atados a la cabeza comenzaron una búsqueda que parecía imposible: devolver a sus familias a lxs nietxs desaparecidxs.

Después de la obra vemos un video. Me tomo el atrevimiento de citar una frase: “El teatro es un instrumento político, en tanto socava silenciosamente los cimientos de la civilización. El teatro es un campo de batalla en el que se debaten las imposiciones de la cultura y las posibilidades de cambio”. Artaud.

Teatro por la Identidad, movimiento cultural y político nacido en los años 2000 en Córdoba, surge para defender el derecho vulnerado a la identidad y ayudar a encontrar a lxs nietxs desaparecidxs. Hace veinte años, cuando esta grupalidad comenzaba, la cifra de nietxs recuperadxs era de 80. Hoy, en 2026, ese número llegó a 140.

Más allá de lo que dicen las cifras, detrás de cada número hay una historia. Son 140 personas que hoy saben de dónde vienen, quiénes son, qué historia las construye. 140 personas que pueden decir con certeza que su identidad les pertenece.

Las manos de lxs niñxs empiezan a levantarse.
—Seño, ¿esos son los desaparecidos? —dice une de ellxs mientras señala una foto con los rostros de desaparecidxs de nuestra Córdoba.
—Seño, ¿los centros son como una cárcel?
—Sí —responde la seño—, pero en una cárcel la familia sabe dónde está la persona. Puede visitarla, llevarle comida o agua. Cuando alguien era desaparecido durante la dictadura, su familia ya no podía verlo.
Desde el fondo se escucha otra voz:
—Seño, algunos nietos ya fueron encontrados.
Lo dice con entusiasmo, como si la noticia trajera alivio. Sus compañerxs sonríen.
Se levantan más manos y empiezan a aparecer historias.
—A mi abuelo lo detuvieron…
—Mi abuelo también desapareció. Lo secuestraron y después lo devolvieron, pero nunca volvió a ser el mismo. Tenía mucho miedo…
—Mi papá tiene un amigo que todavía está buscando a su mamá. Mi papá lo ayuda, pero hasta ahora no encontraron nada.

Bastó que se habilitara la palabra para que aparecieran tres historias. Desaparecieron, los torturaron. No estamos todxs, faltan muchxs. Pero las generaciones siguen sembrando memoria para poder cosechar verdad y justicia.
Estxs niñxs ahora saben qué pasó. Saben que existió. Que hay pruebas, que hay cifras. Que, si una escucha con atención, todavía se oyen las voces de quienes faltan.

Para cerrar, se invita a lxs jóvenes espectadores a escribir en un papel las preguntas, ideas o sentimientos que les dejó la obra y la charla. Entre los papeles aparecen algunas preguntas:
¿Por qué hay tantos disparos?
¿Cuáles son sus nombres?
¿Por qué hay tantos gritos?

Y una última que me queda dando vueltas:
¿Por qué la gente es muy cruel?

Me fui pensando en esa pregunta. Una niña de once años preguntándose por la crueldad de la humanidad.

Para la crueldad del mundo puede haber muchas respuestas posibles. Pero frente a la crueldad hay una sola postura posible: no tolerarla, no permitir que se vuelva cotidiana.

En una sociedad donde la crueldad empieza a convertirse en moneda corriente, volver sobre nuestro pasado es necesario. Porque no hay futuro cierto sin un pasado claro.

Por: Brisa Ludmila Martínez

Criticario Teatral