El testimonio después del testigo
Homenaje a Lucio Garzón Maceda
Tal vez quede una escena que alguien escuchó hace muchos años y que, contra todo lo que quiso borrarla, siguió pasando de boca en boca, de expediente en expediente, de una generación a otra.
El lunes 17 de agosto de 2026 murió, a los 95 años, Lucio Garzón Maceda.
Fue abogado laboralista, protagonista del Cordobazo, defensor de trabajadores y presos políticos. Una vida atravesada por la política, por la defensa de las luchas gremiales y también por la persecución.
Para despedirlo, desde los Espacios de Memoria de Córdoba recuperamos su testimonio en La Megacausa La Perla - Campo de la Ribera - D2.
Héctor Schmucler nos enseñó a pensar la memoria más allá del simple ejercicio de recordar el pasado: como una responsabilidad frente a lo ocurrido y, sobre todo, frente a quienes fueron víctimas. Recordar es volver sobre aquello que otros vivieron y dijeron para preguntarnos qué hacemos hoy con sus palabras, sus testimonios, sus vidas. Es también recorrer el camino que va del “¿cómo fue posible?” al presente que soñamos: volver sobre las condiciones que hicieron posible el horror para transformar, desde allí, las condiciones del mundo que queremos construir, del futuro que somos capaces de imaginar.
Elegimos una escena

Agosto de 1975. Marcos Osatinsky está detenido en el D2. Desde allí logra comunicarse con Garzón Maceda, su abogado, y le pide que vaya a verlo junto con Gustavo Roca.
Ir a el D2 no era un trámite. Era entrar al lugar donde tenían personas detenidas y torturadas, era uno de los lugares del terrorismo de Estado en Córdoba.
Garzón Maceda lo recordó muchos años después, frente a un tribunal:
“La verdad es que tanto Gustavo como yo estábamos muy asustados, es decir, Choux no era un blandito”.
Fueron.
En el D2, delante de integrantes de la conducción policial, Osatinsky contó que había sido torturado. Pidió pomada para sus heridas. Garzón Maceda recordó ese pedido y lo relacionó con las quemaduras producidas por la aplicación de corriente eléctrica.
A veces la historia queda contenida en una escena pequeña.
Un hombre herido pide una pomada.
Otro hombre escucha.
Alrededor, los hombres que tienen el poder.
Eso también fue el terrorismo de Estado.
No solamente los golpes, las picana, las desapariciones. También los lugares. Las jerarquías. Los silencios. Los que sabían. Los que podían preguntar y no preguntaron. Los que tenían la posibilidad de detener la violencia y eligieron que continuara.
Décadas después, Garzón Maceda volvió a hablar. Lo que había escuchado en aquella oficina del D2 llegó a un tribunal. La escena privada se convirtió en prueba. El recuerdo de un hombre se convirtió en parte de una verdad judicial.
Y en esa escena aparece también Lacabanne. Garzón Maceda contó ante el tribunal cómo, mientras Osatinsky permanecía detenido y torturado en el D2, se produjo el encuentro con el interventor federal. No era un hombre aislado en una celda: alrededor suyo se movían funcionarios, jefes policiales y hombres de poder.
Pero un testimonio es algo más que una prueba. Es una forma de dejarle algo a quienes vienen después.
Garzón Maceda conoció de cerca la persecución. Había defendido trabajadores y presos políticos. Había sido parte del tiempo político que desembocó en el Cordobazo. Fue amenazado. Tuvo que exiliarse. Y desde el exilio siguió denunciando los crímenes de la dictadura.
Después volvió a hablar.
Quizás eso sea lo que queda cuando muere un testigo.
No solamente sus palabras escritas en un expediente.
Queda la escena que alguien escuchó. Queda el nombre de quien estuvo allí.
Queda una voz que, muchos años después, vuelve a decir: esto pasó.
Y queda también una tarea para quienes seguimos acá.
Por eso recuperamos hoy la voz de Lucio Garzón Maceda, que se queda, para siempre, en los expedientes; en los juicios; en la memoria de quienes lo escucharon. Pero sobre todo queda como una pregunta que pasa de una generación a otra: qué hacemos hoy con aquello que sabemos.
Escuchar su testimonio es también asumir esa responsabilidad.
Schmucler nos enseñó que recordar es una responsabilidad. No para cerrar el pasado ni para convertirlo en una historia quieta, sino para mantener abierta la pregunta por lo que hicimos, por lo que hicieron otros y por lo que estamos dispuestos a hacer nosotros frente a la injusticia.
Texto: Roberto Martinez, área Comunicación y Cultura APM
El Archivo Provincial de la Memoria realizó el registro audiovisual de cada uno de los jucios por délitos de Lesa Humanidad desarrollados en Córdoba, resguardando las diferentes instancias judiciales como patrimonio histórico de los procesos de Memoria, Verdad y Justicia.
Para consultar material enviar mail a historiaoralapm@gmail.com