Carmen Cornés Piñeiro “Carmiña”

Miembro de la Asociación de Familiares de Desaparecidos de Córdoba. Cofundadora de la Comisión de Familiares de Desaparecidos Españoles. Ex presa política. Madre de Miguel Ángel Castiglioni, desaparecido el 27/11/76.

“Cuando sepamos respetar a cada uno por lo que es, y no por lo que hace, vamos a poder cambiar el sistema de explotación por un sistema más social"

Del testimonio de Carmen Cornés, en su libro Hasta la victoria siempre.

Hoy más que nunca estás presente entre nosotros con el ejemplo de tu militancia vital

Beatriz y todos los que tuvieron la dicha de conocerte.

Texto: Recordatorio del diario Página 12 del 5 de febrero del 2003

Foto: En la Plaza de Mayo, tomada por corresponsal del diario “A Nossa Terra” de Galicia, luego de una entrevista en 1984

“Una luchadora por los desaparecidos de la dictadura argentina"

Carmen Cornes nació en Sisán, un pueblo del Salnés, en 1911. Desde muy pequeña, ayudó en las tareas propias de la vida rural. A los siete años, tenía que levantarse antes del amanecer para llevar los bueyes al bosque, cargar la leña en el carro y conducirlo a pie hasta el aserradero de Vilagarcía. Aunque era una niña muy inteligente, apenas aprendió a leer y escribir, ya que solo podía asistir a la escuela cuando el clima impedía trabajar en el campo.

Su madre, Francisca Piñeiro, la crio junto con sus otros tres hermanos, en compañía de su abuelo. Su padre había emigrado primero a Argentina y luego a Cuba, ambos destinos de los que regresó sin fortuna.

Cuando, poco después de regresar a Galicia, su padre murió atropellado por un árbol, Carmen tuvo que salir a pavimentar caminos para ayudar a pagar la deuda familiar. Pero el pago no fue suficiente. Carmen comprende que no hay otra salida que el mar y decide emprender el camino de tantos otros emigrantes, con gran tristeza pero con la firme voluntad de ayudar a su familia.

Con tan solo dieciséis años, y junto a otras tres chicas del pueblo, tan jóvenes o incluso mayores que ella, Carmen se embarca en el barco que la llevaría a Argentina. Era 1928.

En Buenos Aires, trabaja en casas de familia y también en una fundición. No quiere casarse porque el dinero que gana es para su madre y para regresar algún día a sus inolvidables Rías Baixas. Aun así, el tiempo pasa y el sueño de regresar parece cada vez más lejano hasta que finalmente Carmen decide quedarse en Argentina y formar una familia.

Se casa con Jorge Castiglioni, descendiente de emigrantes italianos, y en 1949 nace su único hijo, Miguel Ángel, con quien Carmen tendrá una hermosa relación madre-hija en la que prevalecerá el respeto por la personalidad y el compañerismo de la niña. El activismo de Miguel Ángel, estudiante de Filosofía y Letras comprometido con la defensa de causas sociales en la Argentina de los años setenta, marcará la vida de Carmen hasta el final: «Mi activismo fue el activismo de mi hijo... acompañándolo, ayudándolo, sin reprocharle su elección de vida. Porque entendía sus ideales y estaba orgullosa de él».

Cuando Miguel Ángel fue arrestado por primera vez, Carmen comenzó a organizarse con otras madres y familiares para reclamar la libertad de los estudiantes injustamente privados de libertad. En 1973, Miguel Ángel fue liberado, pero fue arrestado de nuevo en 1975 y tuvo que exiliarse en Perú. Pronto regresó clandestinamente y desapareció en La Plata en 1976. Mientras tanto, Carmen fue arrestada en su domicilio y llevada a la cárcel de Devoto. A sus 64 años, no se dejó doblegar por la situación y se convirtió en el alma guardiana de sus jóvenes compañeros de prisión. Carmen tendrá mucho que enseñar a las niñas, aunque carezca de su formación política y académica, y será para ellas el ejemplo de la madre revolucionaria que todas soñaron ser.

Tras un año y medio, Carmen queda en libertad sin cargos, pero debe exiliarse para salvar su vida. Con la ayuda del Consulado español, logra salir de Argentina a través de Uruguay y Brasil para finalmente llegar a Galicia.

Incluso en el exilio, Carmen siempre tendrá la palabra justa para los más pequeños. Y continuará luchando por los derechos humanos desde Madrid, junto a las organizaciones de latinoamericanos que denuncian las dictaduras de sus países. Ocho años después, y con la democracia ya restaurada en Argentina, Carmen decide regresar para seguir reivindicando junto a las Madres de Plaza de Mayo por su hijo y por todos los desaparecidos. Esta vez se instala en la ciudad de Córdoba, donde viven su nuera, Susana, y su nieto, Nicolás, y ayuda a reorganizar la Asociación de Familiares de Detenidos Políticos de la Provincia de Córdoba, que renació por iniciativa de Carmen.

A punto de cumplir ochenta años y superando los miedos e inseguridades inherentes a esta innovadora tarea, Carmen aceptó contar el testimonio de su vida como otra forma de luchar por la memoria de “esa bella juventud de los setenta”, que fue publicada en Galicia por Edicíos do Castro en 1992.

Al mismo tiempo, participó en la fundación y desarrollo de la Comisión de Familiares de Desaparecidos Españoles sin dejar de colaborar en la defensa de los derechos humanos en los diversos ámbitos donde la demanda de las organizaciones era necesaria, hasta que el 5 de febrero de 1998, al regresar de una de las habituales marchas de las Madres en la Plaza San Martín de Córdoba, un accidente de tráfico acabó con su vida.

Dotada de una notable inteligencia natural, un agudo sentido de la observación y una inmensa capacidad de amor y comprensión, Carmen Cornes logró desarrollarse en solitario en su tierra adoptiva, creciendo con cada experiencia vital y nunca dejándose doblegar por la adversidad. Brillante representante de lo más noble del alma gallega, Carmen Cornes honra con su vida no sólo la historia de su patria sino también la historia de la propia Argentina.

López, Beatriz: Carmen Cornes. Publicado el 1/1/2007 en el Álbum de Galicia (Consejo de Cultura de Galicia) https://consellodacultura.gal/album-de-galicia/detalle.php?persoa=927.