Sonia Torres
Fundadora y presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba. Su vida dio un vuelco cuando, el 26 de marzo de 1976, su hija Silvina, embarazada de 6 meses, junto con su esposo, Daniel Orozco, fueron secuestrados.
“No hay que desperdiciar ninguna oportunidad, no se sabe a dónde pueden estar los nietos”
No teje mi abuelita, aunque hace ricos dulces. Mi abuelita no teje. Una vez, hace mucho le regalamos una mecedora, moderna, pero mecedora al fin… no sé porqué, supongo que porque habíamos visto muchas imágenes de abuelas meciéndose tranquilamente, en su merecido descanso… Nos agradeció mucho pero demás está decir que nunca la vimos usarla.
Es farmacéutica y todas las mañanas se levanta tempranito para atender la farmacia, desde hace años se levanta, se pone impecable y sale. Arrastra un poco la pata derecha porque le duele la rodilla pero arranca igual. Al medio día vuelve y en más o menos cuarenta minutos se limpia algo de la casa y prepara la comida para algún nieto que caerá a comer aunque ella ya se haya ido y va para el local de Abuelas o a alguna charla o a algún acto o donde sea. Siempre vuelve después de las diez de la noche.
Nunca para. Una vez la vi enferma, con fiebre, preparándose para salir y la rete “no puede ser, te tenes que cuidar, quédate en cama” … “No quiero pensar, si pienso, me muero. Y, además no tengo tiempo”. Cuando viaja o va al teatro o a cualquier lado, lleva calcomanías de Abuelas en la cartera y las va pegando en los asientos, en el baño… “No hay que desperdiciar ninguna oportunidad, no se sabe a dónde pueden estar los nietos”
La vi la noche después de una jornada en Montecristo acompañando a Susana Trimarco en la búsqueda del cuerpo de su hija, víctima de trata. Fui porque lo sentí, dijo. Lo sintió, así es, la Choni, va sintiendo y haciendo, ese es como su guía para moverse, lo siente y punto.
Una vez leí una carta que mi abuela le escribió a Menéndez en el 81, en la carta pedía por su hija, su yerno y su nieto. En una parte dice “Mi hija Silvina Mónica Parodi de Orozco, con un embarazo de seis y medio meses y su marido Daniel Francisco Orozco desaparecieron un día 26 de Marzo de 1976 aquí, en esta ciudad de Córdoba y nunca volví a saber de ellos.
Dicho episodio, relatado así simplemente, cambio mi vida en un doloroso y eterno peregrinar por encontrarlos, recorrí todo cuanto estuvo a mi alcance, pero yo no alcanzo mas, no se a quien más dirigirme y no puedo dormirme, eso sería como morir”
Creo que esa carta resume un poco sus últimos 36 años: así de sencillo y transparente es su camino. Así de implacable es mi abuelita.
Texto: su nieta Silvina Parodi
Foto: Gina Fanchín