El silencio es una trampa.
Instalación sonora y objetual que indaga el silencio como espacio de memoria activa.
El silencio es una trampa propone una instalación en el espacio de memoria La Perla, donde el silencio se vuelve protagonista y materia sensible. A casi cincuenta años del golpe de Estado en Argentina, los ecos de lo callado siguen resonando en los cuerpos y en la historia. Esta obra parte de la idea de que el silencio no implica ausencia, sino una presencia cargada de sentido: una huella que incomoda, interpela y exige ser escuchada.
Televisores antiguos apagados y radios mudas, teléfono callado, conforman una constelación de objetos que, al despojarse de su función comunicativa, se transforman en cuerpos silenciados. La única sonoridad presente es la estática, un rumor espectral que evoca lo censurado, lo oculto y lo desaparecido. Antes del ingreso se oye el primer comunicado del golpe, y al retirarse, la voz del juez Gavier dictando sentencia, cerrando un arco temporal entre la censura y la justicia.
El dispositivo invita a la contemplación y a una escucha activa de las ausencias. La instalación no pretende llenar los vacíos de la memoria, sino convocarlos como presencias que siguen reclamando ser dichas.
Lugar: Sala Lo imposible solo tarda un poco más.
Integrantes: Grupo Memorias Presentes (Celia Luz Arbazua, Graciela Silvina Blasco, Paula Valentina Comas Mutis, Ana Lucia Del Fabro, Silvia López Becerra, Mónica Elena Ponce, Cecilia Isabel Ruiz, Brisa Aldana Tejerina).
Técnica: Instalación site-specific, arte conceptual, montaje sonoro.
Materiales: Televisores y radios antiguas, reproductores de audio, teléfono, cables, estructuras metálicas o de madera, sistema de sonido.
Dimensiones: Medidas variables. Duración 8 minutos en bucle.